Suelos supresivos

suelos supresivos

¿Cómo funcionan los suelos supresivos?

La primera vez que escuché hablar de los suelos supresivos, creí que estábamos hablando de un producto, con el tiempo me he dado cuenta que es un proceso biológico profundo. Un suelo supresivo es aquel que, aún con presencia de patógenos y condiciones favorables para la enfermedad, logra evitar que esta se manifieste o reduce significativamente su impacto. Esto ocurre gracias a la interacción entre las raíces, los microorganismos y las condiciones físico-químicas del suelo.

Pero no es algo que se logra por azar. El combo de la imagen se consigue inoculando biodiversidad y haciendo geles. Al final es con ocupar espacios y hacer biofilms, se consigue ese combo.

La imagen muestra cómo funciona un “suelo supresivo”, es decir, un suelo con vida que protege naturalmente a las plantas de enfermedades. Muestra el “combo” ideal que se busca en agricultura integrativa: una simbiosis efectiva entre planta, microorganismos y estructura del suelo. Este combo no se logra por azar ni con productos comerciales aislados, sino inoculando biodiversidad y creando biofilms a través de técnicas como la elaboración de geles y preparados con extractos vegetales.

Las raíces sanas que se ven indican que el suelo está lleno de vida útil: microorganismos que ayudan a las plantas a crecer mejor y a defenderse de enemigos. En lugar de usar productos químicos para eliminar los microbios dañinos, este tipo de suelo se defiende solo. ¿Cómo lo hace?

  • Llena el espacio antes que los patógenos: los microorganismos ocupan el suelo y no dejan lugar a los malos.
  • Se alimentan del mismo alimento: compiten con los patógenos y les quitan lo que necesitan para vivir.
  • Los atacan directamente o producen sustancias que los eliminan (como si fueran antibióticos naturales).
  • Ayudan a las plantas a defenderse mejor, como si activaran su “sistema inmune”.

Suelos inmunes

En Ecolución, hemos logrado niveles fitosanitarios superiores a los del convencional, en cultivos como el pimiento, tomate o almendro, sin estiércol ni productos químicos, sólo con manejo del suelo, microbiología local y estrategias tipo push-pull​.

Microbiología autóctona y diversidad funcional: Se trabaja intensamente con inoculación y atracción de familias microbianas diversas (hongos, bacterias, actinobacterias) que ocupan el nicho ecológico del suelo e impiden el desarrollo de patógenos como Fusarium, Phytophthora o Pythium. Esto se hace mediante estrategias como la reproducción de hongos descomponedores de madera, líquenes, musgos y uso de plantas espontáneas como base de fitosanitarios.

Uso de metabolitos secundarios y señalizaciones bioquímicas: La metodología no se basa en recetas fijas, sino en activar procesos del suelo y la planta, utilizando extractos vegetales ricos en metabolitos secundarios para fomentar un entorno desfavorable a plagas y enfermedades. Esto incluye señalizaciones hormonales, enzimáticas y microbianas.

Agricultura de procesos: Más que productos, se trabaja con procesos biológicos. El suelo supresivo es visto como resultado de una correcta gestión del hábitat y del microbioma del suelo. No se buscan productos milagro, sino la activación y mantenimiento de ciclos biológicos eficientes​.

Repertorización y manejo del olón (vegetación espontánea): Las malas hierbas no se eliminan sistemáticamente, sino que se estudian y aprovechan como indicadores de suelo y fuente de microorganismos y metabolitos útiles. Las plantas bioindicadoras ayudan a diagnosticar y a diseñar estrategias para suelos supresivos.

¿Qué caracteriza a un suelo supresivo?

  1. Alta diversidad microbiana: Un suelo con gran diversidad de firmicutes, actinobacterias, proteobacterias y hongos endo y ectomicorrízicos desarrolla mecanismos de defensa colectivos, como el quorum sensing, que permiten bloquear o antagonizar patógenos​.
  2. Presencia de biofilms: Estos son fundamentales para estabilizar el suelo y conservar comunidades colaborativas que producen enzimas protectoras como fosfatasas, hidrogenasas y laccasas. Los biofilms también funcionan como bancos de resiliencia frente a sequías, toxicidades o estrés​.
  3. Producción de enzimas específicas: Las enzimas como quitinasas, celulasas, fosfatasas, hidrogenasas, ureasa y laccasa, al ser producidas por hongos y bacterias mutualistas, actúan directamente sobre estructuras de patógenos (quitina de insectos, celulosa de hongos) o disponibilizan nutrientes, fortaleciendo la planta y reduciendo el llamado a plagas​.
  4. Microbiota adaptada localmente: La supresividad del suelo debe ser construida con recursos del entorno inmediato, para mantener una microbiota resiliente y coevolutiva​.
  5. Evitar la mineralización forzada: Aplicar fertilizantes químicos o abonos minerales interrumpe la expresión de enzimas clave como las fosfatasas, inhibiendo así la actividad natural del suelo. Un suelo supresivo debe preservar su actividad enzimática natural y su capacidad de descomposición simbiótica.
  6. Indicadores de supresividad:
    • Suelos con alta actividad de dehydrogenasa (indicador de actividad redox y capacidad de respuesta biológica).
    • Presencia de especies vegetales asociadas con micorrizas y bacterias simbióticas.
    • Capacidad de resistir enfermedades sin necesidad de tratamientos externos gracias a un sistema defensivo estructurado desde el suelo​.

Ejemplos de manejo para crear o mantener un suelo supresivo

  • Uso de bionosodes vivos del propio suelo o de raíces de plantas sanas dentro de la misma finca.
  • Aplicación de hongos descomponedores de madera (como Schizophyllum commune, Ganoderma lucidum) para estimular la producción de enzimas como la laccasa, fundamentales en la supresión de hongos patógenos​.
  • Evitar el laboreo intensivo, que destruye la red de biofilms y rompe la estabilidad microbiana.

El suelo como defensa natural

Suelos supresivos son suelos con capacidad natural para suprimir enfermedades y plagas a través de su microbiota. En ellos, de forma natural o inducida, limitan la aparición y desarrollo de enfermedades y plagas, incluso cuando los patógenos están presentes y las condiciones ambientales son favorables para ellos. Esto se logra gracias a la acción de comunidades microbianas beneficiosas que compiten, antagonizan o depredan los patógenos.

Supresividad general y específica

La supresividad puede clasificarse en dos tipos. La general, que se da por la actividad colectiva del microbioma del suelo y es más difícil de transferir; y la específica, que depende de la presencia de organismos clave capaces de controlar a determinados patógenos. Ambos tipos coexisten y se refuerzan mutuamente.

En los suelos donde hemos trabajado, vemos cómo se desarrolla esta doble defensa. El sistema radicular se expande con libertad porque los microorganismos beneficiosos ya ocuparon el espacio, impidiendo el establecimiento de patógenos. Este sistema se ha logrado ocupando el espacio con microorganismos beneficiosos, creando biofilms que protegen y nutren, y compitiendo con los patógenos no con pesticidas, sino colonizando antes los nichos ecológicos.

Cómo actúan los microorganismos

Los principales mecanismos por los que los microorganismos ejercen la supresividad son:

  • Competencia por nutrientes y espacio
  • Producción de antibióticos naturales
  • Parasitismo directo sobre patógenos
  • Inducción de resistencia en la planta

Los geles actúan como matriz de retención de humedad, vehículo de microorganismos, nutrientes y hormonas, y permiten una liberación controlada, favoreciendo esta simbiosis a nivel de raíz. Aplicando estos geles en diferentes escenarios agrícolas, en todos los casos, la colonización fue exitosa cuando los biofilms se desarrollaron bien. Esto requiere condiciones óptimas de humedad, estructura del suelo y, por supuesto, ausencia de químicos que destruyan la vida microbiana.

Factores que potencian la supresividad

Para que el suelo exprese su potencial supresivo, hay que atender múltiples factores:

  • PH adecuado (ligeramente ácido en la mayoría de los casos)
  • Alta materia orgánica
  • Buena estructura y porosidad
  • Rotación de cultivos y diversidad vegetal
  • Mínima labranza
  • Uso de compost y enmiendas orgánicas

Qué microorganismos están implicados

Entre los protagonistas más comunes se encuentran:

  • Especies no patógenas de Fusarium oxysporum
  • Pseudomonas fluorescens
  • Trichoderma harzianum
  • Actinobacterias como Streptomyces
  • Micorrizas y bacterias rizosféricas

Estos organismos no solo compiten o destruyen patógenos, sino que también promueven el crecimiento vegetal, mejoran la absorción de nutrientes y estimulan defensas naturales.

Cómo diseñar un suelo supresivo

Este proceso no es replicar un producto comercial, es construir condiciones para que la biología haga su trabajo. Así lo hacemos:

  1. Recolectar suelos sanos, biodiversos y libres de químicos
  2. Preparar geles con polisacáridos, biofermentos y cultivos microbianos
  3. Aplicar los geles al suelo como cobertura radicular
  4. Controlar humedad, cobertura vegetal y nutrición orgánica
  5. Monitorear respuesta del cultivo y actividad microbiana

Los resultados fueron consistentes: reducción de enfermedades radiculares, mejor crecimiento, más resistencia al estrés hídrico y reducción de fertilizantes y fitosanitarios.

El suelo como ecosistema vivo

El suelo como sistema biótico, es uno de los principales componentes de los agroecosistemas, siendo un recurso esencial para la producción de alimentos, así como el responsable de mantener un balance ecológico. La salud del mismo determina en gran medida la sostenibilidad agrícola y la calidad ambiental.

Esto no se logra desde la teoría, se logra observando, midiendo y adaptando. Lo aprendimos viendo cómo cada suelo reaccionaba distinto según su historia, su microbiota y el manejo agronómico.

El verdadero tratamiento no fue un producto, fue un proceso.

Conclusiones

Si queremos suelos verdaderamente supresivos, no basta con aplicar microorganismos. Debemos diseñar condiciones para que se establezcan, crezcan y trabajen con la planta. Es aquí donde la experiencia importa: cada suelo tiene su historia, y cada productor puede ser un diseñador de ecosistemas funcionales.

Si tú también estás buscando mejorar tus resultados o hacer una transición hacia una agricultura más sostenible, podemos ayudarte.