Agua y suelo

water soil

¡ Felicidades por interesarte en este tema tan crucial ! Pocos agricultores dan el paso de buscar soluciones reales para los retos de hoy. La conservación del agua en el suelo no solo garantiza la sostenibilidad agrícola, sino que también nos permite enfrentar los desafíos climáticos más apremiantes. ¿Sabías que un suelo sano no solo retiene agua, sino también carbono? Pero si ese suelo está degradado, libera ambos elementos, acelerando el deterioro que conocemos como desertificación. Esta transformación convierte la tierra en polvo y profundiza la crisis hídrica global.

La importancia del agua en el suelo

El agua es la sangre del suelo. Sin ella, ningún proceso vital puede sostenerse. Y sin suelo, el agua no tiene estructura que la retenga. Esta relación simbiótica es la base de toda agricultura viva, regenerativa y consciente. Comprender cómo se comporta el agua en el suelo no es solo una cuestión técnica: es el primer paso para leer lo invisible, detectar desequilibrios y devolverle a la tierra su capacidad de sostener vida.

El agua no solo hidrata las plantas: regula la temperatura del suelo, permite el transporte de nutrientes y es indispensable para la vida microbiana. En un suelo sano, el agua activa enzimas, moviliza minerales, alimenta hongos y bacterias, y permite que la raíz exprese todo su potencial. Cuando hay escasez o exceso de agua, los procesos biológicos se detienen o colapsan, afectando la producción, la sanidad y la resiliencia del cultivo.

El secreto de la materia orgánica

Imagina que el suelo de tu finca es una esponja gigante. Si esa esponja está seca y gastada, apenas absorberá unas gotas. Pero si está rica en materia orgánica, puede almacenar cientos de litros por hectárea. Christine Jones lo resume perfectamente: un aumento del 1% en el carbono orgánico del suelo permite retener hasta 144,000 litros de agua en los primeros 30 cm. Eso es más agua de la que muchas lluvias intensas pueden ofrecer.

Además, esta materia orgánica alimenta a una legión de microorganismos, esos pequeños aliados invisibles que optimizan la retención e infiltración del agua. Sin ellos, el agua que llega al suelo se pierde rápidamente o, peor aún, provoca erosión.

Tres tipos de agua en el suelo

  1. Agua gravitacional: Es la que se mueve por acción de la gravedad después de una lluvia intensa o un riego excesivo. Es la primera en perderse si el suelo no está bien estructurado o cubierto. Su presencia excesiva puede saturar el suelo y asfixiar las raíces.
  2. Agua capilar: Es la más importante para las plantas. Queda retenida entre los poros del suelo, disponible para las raíces, sin arrastrarse por gravedad. Su disponibilidad depende de la textura y estructura del suelo: en suelos muy arcillosos puede retenerse demasiado, en arenosos se pierde fácilmente.
  3. Agua higroscópica: Está tan fuertemente adherida a las partículas del suelo que no está disponible para las plantas. Solo se pierde por calor extremo o secado total del suelo. Aunque no disponible, indica el límite de sequía extrema.

Importancia del agua en el suelo

Este concepto va más allá del riego. Una buena gestión del agua en el suelo mejora:

  • La disponibilidad de nutrientes.
  • La actividad microbiana (recordemos: los microbios nadan, no vuelan).
  • La estabilidad estructural (menos erosión, más infiltración).
  • La eficiencia de fertilizantes y fitosanitarios (especialmente si los produces tú con extractos vegetales o metabolitos secundarios).

Suelo de cultivo vs. bosque

Si comparas un suelo desnudo con uno cubierto, la diferencia es impactante: mientras un suelo forestal puede infiltrar hasta 90% del agua de lluvia, los suelos de cultivo apenas alcanzan el 10%. Un dato más: el suelo de un bosque puede absorber hasta 150 litros de agua por hora, mientras que uno desnudo apenas llega a 5 litros.

¿La lección? Mantener una cobertura vegetal no es solo una buena práctica; es esencial para proteger la tierra, garantizar la recarga de acuíferos y evitar inundaciones.

Cinco prácticas imprescindibles para conservar agua

  1. Incrementa la Materia Orgánica: añadir compost o biochar puede hacer maravillas. Cada 1% adicional permite retener el agua de dos lluvias intensas por hectárea.
  2. Reduce la labranza: la labranza continua rompe los agregados del suelo. Prueba la agricultura de conservación y verás cómo mejora la estructura del suelo.
  3. Cubre el suelo: cultivos de cobertura y mantillo evitan la evaporación y favorecen la infiltración. ¿Por qué dejar la tierra desnuda?
  4. Promueve microorganismos: bacterias y hongos beneficiosos son la columna vertebral de un suelo sano. Ellos mejoran no solo la retención de agua, sino también su estructura.
  5. Evita el suelo desnudo: plantar abonos verdes o cubiertas vegetales es una inversión en la salud del suelo y en tu futuro.

El ciclo hidrológico y el rol de los agricultores

¿Sabías que el 40% de las lluvias dependen del vapor de agua que las plantas liberan al aire? Este ciclo menor es esencial para evitar la desertificación. Cada planta que siembras contribuye a mantener ese ciclo, asegurando la continuidad del agua y la vida.

Beneficios que valen la pena

Adoptar estas prácticas no solo beneficia al planeta; también transforma tu negocio:

  • Menor uso de agua: con la reintroducción de la biología de suelos ausente la eficiencia en el uso del agua mejora hasta un 50%, lo que significa, que la misma cantidad de cosecha es poducida con la mitad de agua debido a la mejora estrucutura del suelo.
  • Resiliencia climática: la capacidad de retención de agua de la materia orgánica del suelo es asombrosa, alcanzando hasta 20 veces su peso. Esto significa que un suelo rico en materia orgánica no solo almacena grandes cantidades de agua, sino que también la libera gradualmente, beneficiando a las plantas durante periodos secos.

Agua capilar

Es la reserva real de agua útil en el suelo. Se comporta como una esponja cargada: ni tan suelta como para perderse, ni tan fija como para no moverse. La clave para maximizarla está en mejorar la estructura del suelo con coberturas vegetales, materia orgánica y biología viva. En agricultura integrativa, enseñamos a observar qué plantas aparecen de forma espontánea para interpretar esta retención y optimizarla con intervenciones mínimas.

Agua capilar en el suelo

La puedes imaginar como una red de finos hilos de agua entre partículas del suelo, sostenida por fuerzas de adhesión y cohesión. Esta red mantiene hidratadas a las raíces, incluso días después del riego. Cuando el suelo está bien estructurado, esta agua se mantiene estable y accesible. Pero si el suelo está compactado, salino o con poca materia orgánica, el agua capilar desaparece rápidamente.

Agua higroscópica en el suelo

Aunque no disponible para las plantas, su presencia indica suelos muy secos. Es la última película de humedad que queda cuando el suelo ha perdido toda su agua útil. En agricultura, su existencia marca el umbral de estrés hídrico severo. Suelos que solo conservan agua higroscópica están biológicamente inactivos: ni bacterias ni hongos pueden sobrevivir ahí.

Movimiento del agua en el suelo

El agua se mueve en el suelo por tres vías:

  1. Gravitacional (rápida, en profundidad).
  2. Capilar (lenta, lateral y vertical, clave en la hidratación).
  3. Vapor (importante en suelos con cobertura o mulching).

El movimiento depende de la textura, estructura, porosidad y contenido orgánico del suelo. Por eso insistimos: no es solo cuánto riegas, sino cómo está tu suelo para recibir y retener el agua.

Agua gravitacional

Es la que se pierde primero. Si no hay cobertura vegetal, estructura o vida en el suelo, esta agua se escurre llevando consigo nutrientes solubles, microorganismos y dejando suelos desnudos, erosionados y salinizados. Por eso, en agricultura regenerativa se busca ralentizarla: usando swales, acolchados, materia orgánica y suelos vivos que actúan como esponjas.

Que es el agua gravitacional: en esta guía la usamos como etiqueta para la fracción cuyo comportamiento queda dominado por gravedad (la propia definición de la curva excluye gravedad para poder separar efectos).

Agua higroscópica capilar y gravitacional / agua gravitacional capilar e higroscópica: tres etiquetas útiles para no mezclar película adsorbida, agua capilar y la fracción dominada por gravedad cuando interpretas humedad y riego.

Que es el agua y los suelos

Een términos prácticos, el agua en el suelo no es un “volumen” uniforme, sino un continuo físico-químico cuya energía determina si se mueve, si queda retenida o si queda disponible para procesos biológicos. Por eso, cuando hablamos de agua suelo, suelo agua, agua del suelo, agua de tierra, suelo y agua, el agua y el suelo o relación entre el agua y el suelo, en realidad estamos describiendo el mismo fenómeno desde ángulos distintos: cómo cambia el estado del agua según la interfaz sólido–líquido y el espacio poroso.

Cuando se entra en detalle, conviene nombrar tipos de agua en el suelo (o formas de agua en el suelo) con un criterio operativo: 3 tipos de agua en el suelo. En este artículo usaremos la tríada agua higroscópica, agua capilar en el suelo y agua gravitacional (también verás escrito “agua higroscopica” e incluso el error “agua hidroscopica” en campo) como etiquetas prácticas para tres rangos de comportamiento. Esa separación encaja con la idea de que la curva de retención describe la relación entre potencial hídrico del suelo y contenido de agua en el suelo (contenido volumétrico), y que esa definición se plantea excluyendo los efectos de gravedad y de solutos; además, en esa curva se diferencian un rango “seco” dominado por película adsorbida y un rango “húmedo” dominado por capilaridad.

Si lo aterrizamos a decisiones agronómicas, el punto clave es la importancia del agua en el suelo y, en concreto, la reserva de agua util en el suelo. En bibliografía agronómica se usa “available water” como el agua retenida entre capacidad de campo y punto de marchitez permanente, que es precisamente el intervalo donde el cultivo suele tener acceso funcional al agua. Este enfoque permite conectar el contenido de agua en suelos con manejo de riego y con expectativas de respuesta del cultivo.

Un matiz importante para evitar errores de diagnóstico: presencia de grandes cantidades de agua que el suelo no puede absorber no significa “mucho recurso”, a veces significa saturación y pérdida de aireación. En suelos muy húmedos puede observarse un grado de saturación cercano al 100% (poros prácticamente llenos), condición en la que el sistema ya no admite más agua sin desplazar aire; en campo esto se traduce en estrés radicular y caída de funciones aeróbicas.

Infiltración del agua

Más allá de la “velocidad” de entrada, lo relevante es qué parte del poro conduce flujo y qué parte retiene agua por interacciones de superficie. La misma literatura que separa rango adsorptivo y rango capilar recuerda que el potencial hídrico usado en esas curvas se define sin gravedad, precisamente para aislar el componente matricial y entender mejor qué fracción se comporta como película o como capilaridad. Esta lectura ayuda a convertir la importancia del agua en el suelo en manejo: estructura, continuidad porosa y energía del agua determinan si el perfil se recarga o si se encharca.

Siguiente paso

Un suelo vivo es un suelo que trabaja para ti. Incrementar su materia orgánica, protegerlo y cuidar sus microorganismos no solo garantiza agua, sino también el futuro de tu finca.

¿Listo para dar el siguiente paso? ¡Contáctanos y transforma tu agricultura!