Qué es realmente la biodesinfección
La biodesinfección de suelos es una estrategia cada vez más utilizada para reducir la presión de patógenos en agricultura intensiva. A menudo llamada biosolarización, biofumigación o ASD (desinfección anaeróbica de suelos) según el método, esta técnica combina enmiendas orgánicas, humedad y, a veces, calor, para generar un ambiente letal o muy hostil para organismos mesófilos del suelo.
El principio es simple: alterar el equilibrio del ecosistema edáfico a través de tiempo, temperatura y condiciones anaerobias controladas. Esto puede eliminar hongos, bacterias, nematodos y otros organismos no deseados. Pero esta simplicidad aparente puede ser engañosa.
Existen casos en los que la biodesinfección funciona como “botón de reset” en sistemas sin margen para rotación, como invernaderos con alta presión de patógenos. En esos escenarios críticos, sí se podría recomendar usarla. Pero solo bajo ciertas condiciones. No como rutina ni por estética.
Cuándo sí tiene sentido aplicar la biodesinfección
Hay momentos y contextos donde esta herramienta puede marcar la diferencia:
- Cultivos en invernadero con fatiga de suelo crónica.
- Presión alta de Fusarium, Phytophthora o nematodos como Meloidogyne.
- Suelo compactado, sin posibilidad de descanso o rotación.
En esos casos, crear un ambiente temporalmente inhóspito —con alta humedad, enmienda rica en carbono y buena cobertura— puede romper un bucle de enfermedad. Lo importante es tratarla como lo que es: una intervención de choque.
No es una herramienta mágica, es medicina de urgencia. Si lo que hay debajo está roto, puedes ganar tiempo, pero no salud.
Técnicas y enfoques de la biodesinfección
Biosolarización
La biosolarización combina la solarización tradicional (cubrir el suelo con plástico transparente) con un aporte de enmienda orgánica. Esa materia orgánica fermenta bajo la lona, elevando temperaturas y generando compuestos volátiles que tienen efecto biocida desinfectante. Funciona bien donde la solarización sola se queda corta, por clima o época.
Biofumigación del suelo
En la biofumigación, se usan especies del género Brassica, como Brassica carinata, que contienen glucosinolatos. Al descomponerse, estos compuestos liberan isotiocianatos, con acción biocida. Pero la efectividad depende mucho del material y el manejo. No basta con incorporar plantas, hay que hacerlo en el punto óptimo.
ASD (Anaerobic Soil Disinfestation)
Aquí no se trata tanto de “cocer” el suelo, sino de modificar su metabolismo. Al aplicar carbono fácilmente degradable y saturar de agua, se genera un ambiente reductor. Esto estimula procesos anaeróbicos que frenan a los patógenos. Es un enfoque que he encontrado especialmente interesante cuando se quiere evitar calor excesivo o en zonas con menos sol.
Problemas de la biodesinfección
Pese a sus ventajas, la biodesinfección tiene sombras importantes:
- Gran variabilidad en resultados. Puedes tener un éxito rotundo un año y fracaso total al siguiente. Basta con que falle el sellado, la humedad, la temperatura o el momento para que el efecto se diluya.
- No tiene precisión. Baja el “malo”, sí, pero también los aliados. Antagonistas naturales, micorrizas, bacterias promotoras del crecimiento… todo puede verse afectado. Luego el suelo se recoloniza, y a veces gana el que no quieres.
- Tapa síntomas sin ir al origen. Compactación, salinidad, exceso de nitrógeno, desequilibrios de riego o falta de carbono estable no se arreglan con desinfección. Si eso sigue igual, el problema vuelve.
- Costo, logística, residuos plásticos. En la práctica, muchos no lo cuentan, pero cubrir hectáreas, aplicar materia orgánica y manejar residuos no es menor.
Importante: hay que evaluar bien cuándo desinfectar suelos tiene sentido, y cuándo es solo un ritual que posterga problemas.
Riesgo de la biodesinfección

Uno de los aspectos que más vigilaría, especialmente con ASD, es el riesgo de movilización de metales pesados.
La anaerobiosis puede aumentar la solubilidad de metales como cadmio, plomo o zinc. Si el suelo ya está sobrecargado, o tiene materia orgánica baja, esta situación puede traer efectos tóxicos inesperados.
Ganas por sanidad, pero puedes perder por toxicidad o por estrés edáfico en la recolonización posterior. La clave está en conocer bien tu suelo antes de decidir.
Cómo hacer biodesinfección con un enfoque de “suelo vivo”
La biodesinfección solo tiene sentido si va acompañada de una estrategia clara de recuperación. Los insumos destruyen, los procesos construyen. Por eso proponemos este enfoque:
- Cirugía + rehabilitación. Usa la biodesinfección como intervención puntual. Pero después, dedica tiempo a reconstruir la red funcional del suelo.
- Reinocular con microbiota del propio sistema. No hacer turismo de microorganismos, sino usar extractos o bionosodes vivos de raíces o suelos sanos del mismo entorno.
- Favorecer biofilm y señalización. Los biofilms son la base de la resiliencia microbiana. Ritmos de secado-rehidratación, extractos vegetales, aplicaciones dirigidas… todo suma.
- Evitar encadenar con prácticas agresivas. Nada de fertilización brutal o agrotóxicos “por si acaso”. Eso rompe el equilibrio y frena la recuperación enzimática (lo has explicado muy bien en tus textos sobre hidrogenasas y fosfatasas).
¿Qué hago después de la biodesinfección?
El verdadero valor de una biodesinfección está en lo que haces después. Si la dejas sola, el suelo se recoloniza con lo que venga, como venga. Pero si diriges esa recolonización, puedes pasar de una intervención agresiva a un ecosistema funcional.
Un mal manejo después de una buena desinfección revierte todo el trabajo. Al revés, una buena rehabilitación posterior puede multiplicar el beneficio.
Casos reales con biodesinfección de suelos
Uno de los estudios más citados sobre biodesinfección en condiciones controladas es el ensayo en invernadero con tomate (cultivar Pitenza), realizado en Almería1. En este experimento, se emplearon restos vegetales como enmienda y se aplicaron prácticas de biosolarización. El resultado fue claro: mejora en la sanidad del cultivo y aumento del rendimiento.
Sin embargo, los mismos investigadores advirtieron un detalle clave: los efectos positivos se observaron solo en el primer ciclo. En el segundo cultivo, ya no hubo diferencias notables respecto al control. Esto refuerza la idea de que la biodesinfección no sustituye una estrategia a largo plazo de recuperación del suelo.
Resultados irregulares de la biodesinfección
En otro ensayo realizado en dos campañas consecutivas (2011-12 y 2012-13)2, se aplicaron distintos tratamientos con materiales orgánicos (Brassica carinata, Brassica oleracea, estiércol y cócteles microbianos) bajo condiciones de biosolarización.
El primer año se logró reducir significativamente la presencia de nematodos y mejorar el rendimiento del tomate. Pero el segundo año, los efectos fueron prácticamente nulos. ¿Por qué?
Porque la temperatura, la humedad y el sellado no fueron suficientes para mantener condiciones estresantes durante el tiempo necesario. Esto demuestra que la biodesinfección no es una técnica consistente: su efectividad depende de múltiples factores ambientales y de manejo.
Problemas secundarios de la biodesinfección
1. Aumento de nitratos y posible contaminación
En estudios donde se incorporaron enmiendas orgánicas bajo plástico34567, se observó un aumento significativo de nitratos en el perfil del suelo. Esto plantea un doble problema:
- Contaminación por lixiviado: en zonas vulnerables (según la directiva europea), este exceso puede contaminar acuíferos.
- Desequilibrio nutricional: un exceso de nitrógeno disponible puede favorecer desequilibrios fisiológicos en el cultivo, aumentando la susceptibilidad a plagas y enfermedades.
2. Disminución de la diversidad microbiana
Varios documentos coinciden en un punto preocupante: la desinfección intensa afecta tanto a patógenos como a microorganismos beneficiosos. Esto incluye:
- Bacterias antagonistas que controlan hongos patógenos.
- Micorrizas arbusculares, clave para la absorción de fósforo y resistencia al estrés.
- Comunidades microbianas responsables de procesos enzimáticos (fosfatasas, dehidrogenasas, etc.).
Aunque a menudo se menciona la recolonización espontánea del suelo, esta recolonización puede no ser equilibrada, y en algunos casos, puede favorecer el resurgir de especies oportunistas o patógenos más agresivos.
Fusarium resistente: un caso llamativo
Se documentó un caso donde, tras varias biodesinfecciones exitosas, el Fusarium oxysporum reapareció en formas más agresivas. La hipótesis planteada fue que la presión selectiva del calor y los compuestos volátiles generó una especie de “cuello de botella” evolutivo que favoreció a cepas más resistentes.
Este tipo de efecto secundario —similar a lo que ocurre con fungicidas o antibióticos— es especialmente preocupante en sistemas cerrados como invernaderos sin rotación.
Interacciones negativas con la estructura del suelo
La incorporación de materia orgánica fresca en combinación con condiciones anaerobias puede provocar cambios no deseados:
- Liberación de ácidos orgánicos agresivos, que pueden alterar el pH temporalmente.
- Movilización de metales pesados, especialmente si el suelo ya tiene una carga previa por fertilización intensiva o agua salina.
- Compactación superficial, cuando la fermentación no es homogénea y se genera gas atrapado bajo el plástico.
Desinfección de suelos agrícolas con ozono
La desinfección de suelos agrícolas con ozono como alternativa técnica. Aunque es una opción más “limpia” en términos de residuos, no hay suficiente evidencia sobre su impacto en microbiota beneficiosa, y no parece resolver los problemas estructurales o de fondo del suelo.
De hecho, su acción oxidante es tan agresiva que puede afectar negativamente a compuestos húmicos y procesos enzimáticos clave.
La biodesinfección no solo “mata hongos”
En invernadero el problema muchas veces no es solo Fusarium o Phytophthora: es la fatiga del suelo. Se describen tres tipos: fatiga física (estructura defectuosa), fatiga química (fitotoxinas) y fatiga microbiológica (parasitismo de debilidad). La biodesinfección incide en las tres porque actúa sobre la fracción microbiana y a la vez modifica propiedades físico-químicas del suelo.
Un indicador “de campo” de esto es el llamado “efecto bromuro”: en pimiento con monocultivo prolongado se observaron mermas de producción >60% sin que hubiese una enfermedad edáfica evidente; al desinfectar con bromuro de metilo, la producción subía en proporción a esas pérdidas. En realidad, no era magia: era fatiga enmascarada. Y se vio un matiz clave: la fatiga era específica de pimiento y parecía de origen microbiológico; en esos suelos, apio/cebolla/lechuga no expresaban el fenómeno igual.
Qué hace eficaz una biodesinfección
La biodesinfección funciona porque materia orgánica fresca (restos de cosecha, estiércoles poco hechos, residuos vegetales) al descomponerse en suelo húmedo libera moléculas tóxicas para artrópodos, nematodos, hongos, bacterias y virus, y a la vez favorece poblaciones microbianas antagonistas.
Dos técnicas base:
- Biofumigación: compostado “en el suelo” de materia orgánica poco descompuesta con humedad permanente a capacidad de campo.
- Biosolarización: lo mismo, pero acompañando el compostado con ≈4 semanas de solarización.
Lo que suele fallar en finca no es la idea, sino el detalle técnico: para que un material sea biofumigante debe estar en vías de descomposición (no “compost maduro”), y el método debe favorecer la producción y retención de gases al menos dos semanas, porque el efecto de esos gases es a menudo bioestático (si lo “ventilas” demasiado pronto, rebota).
Variantes útiles cuando no hay radiación fuerte: cubrir con plástico (transparente u opaco) o acolchar con restos vegetales puede dar un efecto equiparable a biosolarización. Y un valor añadido muy práctico: usar restos de cosecha (incluso enfermos) para biodesinfectar ayuda a eliminar inóculo y “limpiar” esos restos en el suelo por el propio proceso.
Dosis y mezclas que tienen sentido
En experiencias en pimiento se ensayó reducir dosis y reiterar en el mismo suelo: se observó que 25.000 kg/ha de materia orgánica poco descompuesta podía dar un efecto comparable al conseguido con dosis mucho mayores, con presencia continua de gallinaza como componente recurrente. Se destaca su eficacia (entre otros motivos por liberación de amoniaco, tóxico para diversos microorganismos y también nematodos) y además porque puede ayudar a compensar el “hambre de nitrógeno” que aparece cuando el sistema microbiano consume N durante la biofumigación.
Qué mejora en el suelo (y por qué al agricultor le interesa)
En pimiento (Campo de Cartagena) se comparó 8 un invernadero “nuevo” frente a otro con 20 años de monocultivo. Con biosolarización usando estiércol ovino 7 kg/m² + gallinaza 3 kg/m² en el suelo viejo, y estiércol de oveja 3 kg/m² en el otro, se midieron efectos físico-químicos relevantes para manejo:
- Densidad aparente / porosidad: mejora, aumenta infiltración y dinámica del agua; esto reduce asfixia radicular (clave en pimiento) y complica a organismos “acuáticos” como Phytophthora y Meloidogyne.
- pH: tendencia a disminuir levemente al final del cultivo.
- Conductividad eléctrica: no aumentó de forma significativa; incluso tendencia a bajar.
- Materia orgánica: se incrementa (mejora agregación y condiciones físicas).
- Relación C/N y nitrificación: la C/N informa del estado de mineralización; valores <10 indican mineralización rápida, y se señala la importancia de elevar C para modular la transformación del N hacia nitratos.
- Nutrientes: con biosolarización se incrementan N al final del cultivo, y aumentan Ca y Mg (favorecen complejo arcillo-húmico), además de un incremento notable de K.
- Fósforo disponible: sube de forma significativa; se sugiere relación con actividad microbiana/enzimática (fosfatasa) que genera formas orgánicas que no precipitan como fosfato tricálcico.
- Hierro y manganeso disponibles: aumentan formas solubles (Fe ferroso; Mn manganoso) durante el tratamiento, con dinámica posterior mediada por microbiota.
Conclusiones para técnicos y agricultores
De todos estos casos se pueden extraer algunas conclusiones que valen oro para técnicos y agricultores:
- No hay biodesinfección sin diagnóstico previo. No se debe aplicar sin conocer bien el estado físico, químico y biológico del suelo.
- Nunca reemplaza el diseño del sistema. Si hay posibilidad de rotación, manejo de carbono y riego correcto, muchas veces no hace falta biodesinfectar.
- Siempre requiere seguimiento postratamiento. Recolonizar con inteligencia es tan importante como desinfectar.
- Es una intervención de alto impacto. No se puede banalizar. Aunque sea “natural” o “biológica”, implica cambios fuertes en la ecología del suelo.
Biodesinfección: herramienta puntual
La biodesinfección no es la panacea. Es una herramienta potente, pero también peligrosa si se convierte en rutina. Si decides desinfectar suelos, hazlo con cabeza, con diagnóstico y con un plan claro de recuperación.
Y si no sabes si merece la pena aplicarla en tu finca, dime el sistema (invernadero/campo abierto), el problema (Fusarium, Phytophthora, Meloidogyne…) y la época. Te doy una recomendación afinada.
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Photo credit: Paula van Ommen
- Tello Marquina, J.C. (2021). La biodesinfección de los suelos y su influencia en la producción de tomate en invernadero. Phytoma España, Nº 333, pp. 24–28. ↩︎
- DOI: 10.1071/SR15106 ↩︎
- 10.7818/ECOS.1708 ↩︎
- 10.1071/SR15106 ↩︎
- 10.1094/PDIS-92-4-0611 ↩︎
- 10.1094/PHYTO.2000.90.5.489 ↩︎
- 10.1016/j.apsoil.2007.07.002 ↩︎
- DOI: 10.31428/10317/11061 ↩︎



