¿Qué son los biopesticidas?
Los biopesticidas son compuestos de origen natural, microorganismos o derivados de plantas que se utilizan para controlar plagas, enfermedades y malezas en agricultura. Pueden provenir de hongos, bacterias, virus, nematodos, extractos botánicos o semioquímicos.
No son pesticidas «light», ni son inocuos por el simple hecho de ser naturales. Son herramientas con potencial técnico para un manejo más inteligente, más sostenible y menos agresivo para la fauna auxiliar y el agroecosistema.
Errores más comunes al usar biopesticidas

El principal error con los biopesticidas es tratarlos como si fueran una versión suave del pesticida químico. Aplicarlos tarde, sin condiciones adecuadas o sin un diseño de estrategia solo conduce a frustración y a la típica frase: “esto no sirve”.
No son curativos de “apagar fuego” (la mayoría). Funcionan mejor preventivos o al inicio de la dinámica de la plaga/enfermedad.
Dependencia brutal del contexto físico: humedad, radiación UV, temperatura, cobertura, calidad del agua, pH, mojantes… Un Beauveria sin humedad es como soltar peces en el desierto.
Variabilidad por formulación: no es lo mismo “la cepa” que “el producto”. Vida útil, viabilidad, estabilizantes, tamaño de gota, compatibilidades.
Lo “bio” no significa inocuo: aceites esenciales y extractos botánicos pueden ser bastante de choque para auxiliares/polinización si te pasas o aplicas mal; y algunos autorizados en ecológico (ej. cobres, azufres) tienen sus propios peajes si abusas.
Clasificación técnica de los biopesticidas
Biopesticidas microbianos
Aquí entran bacterias como Bacillus thuringiensis, hongos como Beauveria bassiana o Metarhizium anisopliae, y virus como los NPV (nuclear polyhedrosis virus). Son especialmente eficaces en estadios juveniles de las plagas, cuando las esporas o toxinas pueden ser letales si entran en contacto con huevos o larvas.
Pueden actuar por mecanismos más “ecológicos” que el choque químico: romper ciclos (más que matar al instante), infectar fases vulnerables (huevo/larva), o desestabilizar al insecto vía su microbiota.
Biopesticidas de origen vegetal
Incluyen aceites esenciales, terpenos, flavonoides y alcaloides. Ejemplos: neem (Azadirachta indica), pino, canela, ajo, albahaca. Suelen funcionar por inhibición de alimentación, confusión, repelencia o bloqueo del desarrollo.
La fase más vulnerable es el huevo recién puesto; si entra en contacto con espora (hongo/bacteria) puede infectarse y morir, y eso es clave para romper el ciclo.
Biopesticidas bioquímicos
Aquí encontramos los semioquímicos: feromonas para confusión sexual, kairomonas para atracción de enemigos naturales. No matan directamente, pero son clave para reducir presión de plagas.
Cómo usar biopesticidas (y cuándo)
Primero diseño y prevención: biodiversidad funcional, ventilación, riegos, exceso de nitrógeno, manejo de brotes tiernos, etc.
Monitoreo y umbrales: si llegas tarde, el biopesticida parece “que no funciona”, pero era el timing.
Biopesticida como herramienta de precisión:
- Microbianos: muy potentes si pillas estadio correcto y condiciones.
- Botánicos: útiles, pero piensa en ellos como herramientas físicas/químicas suaves.
- Semioquímicos: top para bajar presión sin matar.
Repetición inteligente: suelen requerir más constancia (mejor 2–3 bien puestas que 1 “a ver si suena la flauta”).
Compatibilidad: orden en tanque, pH del agua, no mezclar con cosas que “esterilizan” al vivo.
Biopesticidas en agricultura
No hablamos de estética ni de greenwashing. Hablamos de eficiencia, anticipación, y resultados técnicos. De mantener rendimiento sin sacrificar biodiversidad. De bajar presión de plagas sin generar resistencias ni desequilibrios en el suelo.
Los biopesticidas encajan perfectamente en estrategias de IPM (manejo integrado de plagas), agricultura regenerativa y sistemas nutracéuticos donde la calidad de residuo cero y la sostenibilidad no son una opción estética, sino una exigencia comercial.

Reglas de oro para integrarlos con éxito en tu finca
- Diseño agronómico sólido: sin un sistema sano, ningún producto funciona bien.
- Precisión temporal: aplicar en el momento adecuado según umbral.
- Condiciones físicas controladas: humedad, cobertura, pH, mojantes.
- Coadyuvancia estratégica: saponinas, aceites, tensioactivos compatibles.
- Rotación y repetición inteligente: evita resistencias y aumenta eficacia.
- Compatibilidad de mezclas: ojo con fungicidas sistémicos o aguas con pH extremos.
Ejemplos de biopesticidas
Neem se describe como insecticida de amplio espectro que rompe el ciclo reproductivo y es más eficaz si se aplica en fase larvaria.
Los microbianos (entomopatógenos) encajan muy bien cuando el objetivo es “meter biodiversidad” y dejar que el sistema haga el resto: aparecen citados Metarhizium, Beauveria y Bacillus thuringiensis como opciones, y se subraya que muchos de estos hongos ya están en el huerto si no se aplican venenos.
Reglas de uso:
Prioridad a estrategias de ciclo y señalización, más que “matar por matar”: resinas/terpenos como “protección” (actividad insecticida, bactericida y antifúngica en destilados de resina de pino) y mecanismos como el del neem (interrupción reproductiva).
Microbianos + momento: si apuntas a huevos/primeros estadios, la lógica de infección por esporas tiene sentido.
Coadyuvancia inteligente: por ejemplo, saponinas como herramienta doble (bajan tensión superficial y además se mencionan como insecticidas).
Biopesticidas y biodiversidad
Cuidar biodiversidad (porque si reduces microbiota “se queda una dictadura de un solo organismo”). Ese marco es clave para que el biopesticida no sea un parche infinito.
Los biopesticidas son potentes cuando trabajan en un sistema que ya está equilibrado o en camino a estarlo. Si tu manejo destruye continuamente la fauna auxiliar y la microbiota del suelo, ningún producto te va a salvar cada semana.
Ejemplos reales de biopesticidas
Uno de los microorganismos más estudiados y utilizados a nivel mundial es Bacillus thuringiensis (Bt). Este biopesticida se ha aplicado con éxito para el control de numerosas plagas lepidópteras en cultivos como el maíz, el algodón o el tomate. Su eficacia radica en su capacidad de producir proteínas cristalinas (Cry) tóxicas para insectos al ser ingeridas.
En otro caso1, el uso de Beauveria bassiana ha demostrado ser eficaz para el control de la broca del café (Hypothenemus hampei) y otros insectos perforadores, aunque su éxito depende fuertemente de la humedad ambiental y la formulación aplicada.
También se han implementado biopesticidas a base de extractos botánicos como el neem (Azadirachta indica), cuyo principio activo (azadiractina) interfiere en la reproducción y alimentación de plagas como Helicoverpa armigera, según un estudio documentado en India2.
Otro ejemplo técnico destacado3 es el uso de feromonas sexuales para el control de Cydia pomonella (polilla del manzano), cuya aplicación en programas de confusión sexual ha permitido reducir drásticamente el uso de insecticidas químicos.
Problemas reales en la utilización de biopesticidas
1. Dependencia ambiental extrema
Uno de los mayores obstáculos es la sensibilidad de muchos productos al entorno físico. Beauveria o Metarhizium requieren niveles mínimos de humedad relativa para germinar e infectar. En condiciones de baja humedad o alta radiación solar, su efectividad cae en picado.
2. Estabilidad del producto y formulación
No todos los productos comerciales son iguales, incluso si contienen la misma cepa. La estabilidad, vida útil y viabilidad del ingrediente activo dependen del tipo de formulación. Por ejemplo, el Bt puede perder actividad si no se almacena correctamente, debido a su sensibilidad a la luz UV y al pH4.
3. Compatibilidad con otros productos
Varios documentos advierten sobre la incompatibilidad de los biopesticidas microbianos con fungicidas sistémicos o con aguas de pH extremo, que pueden desactivar esporas o bacterias. También se desaconseja mezclar con ciertos mojantes o fertilizantes foliares.
4. Percepción errónea de seguridad
Aunque sean “naturales”, los biopesticidas no son necesariamente inocuos. Por ejemplo, algunos aceites esenciales (como el de albahaca) tienen efectos tóxicos sobre polinizadores e incluso pueden ser peligrosos para la salud humana si se usan mal.
Cómo mejorar la eficacia en campo de los biopesticidas
1. Aplicación en fases vulnerables
Todos los estudios coinciden en que los biopesticidas funcionan mejor en estadios tempranos del desarrollo de la plaga. Por ejemplo, los virus granulosis o las bacterias Bt son más eficaces sobre huevos o larvas jóvenes que sobre adultos resistentes.
2. Monitoreo y estrategia preventiva
En lugar de aplicar como respuesta al daño, los biopesticidas deben formar parte de un plan preventivo basado en monitoreo y umbrales. Esto permite actuar con antelación, cuando las poblaciones son bajas y las condiciones más controlables.
3. Uso de coadyuvantes específicos
Se recomienda el uso de coadyuvantes como saponinas o extractos vegetales que no interfieran con la viabilidad microbiana y que mejoren la cobertura foliar y la persistencia del producto.
Recomendaciones prácticas para agricultores
- Nunca uses un biopesticida como si fuera un químico de contacto.
- Aplica en horas de baja radiación solar y con humedad óptima.
- Verifica la compatibilidad en mezcla antes de combinar productos.
- Asegúrate de que la formulación es viable: revisa fecha de fabricación y almacenamiento.
- Evita sobredosificar botánicos creyendo que “por ser naturales no pasa nada”.
- Integra en programas IPM y no como sustituto único.
- Consulta el comportamiento específico de la cepa o formulación antes de aplicar.
Biopesticidas naturales: defensa vegetal
Cuando hablamos de biopesticidas naturales, no nos referimos a soluciones improvisadas ni a “remedios alternativos”, sino a sustancias que las propias plantas han desarrollado a lo largo de su coevolución con insectos y patógenos. Alcaloides, terpenos, fenoles y compuestos sulfurados son parte de su sistema de defensa química y, correctamente extraídos y formulados, pueden utilizarse en agricultura con criterios técnicos. El interés agronómico de estos biopesticidas radica en que actúan sobre procesos fisiológicos del patógeno —alimentación, desarrollo o reproducción— reduciendo la presión de selección y el riesgo de resistencias frente a los fitosanitarios convencionales.
Tipos de biopesticidas según su origen vegetal
Dentro de los tipos de biopesticidas, los obtenidos de plantas constituyen un grupo diferenciado por su complejidad química y su diversidad de modos de acción. Algunos actúan como repelentes o inhibidores de la alimentación, otros interfieren en el desarrollo larvario o en la oviposición, y otros presentan efectos antifúngicos o bacteriostáticos. Esta diversidad funcional permite integrarlos en estrategias de manejo donde no se busca la erradicación inmediata, sino la regulación de poblaciones. Desde el punto de vista del agricultor, esto implica cambiar la lógica del “producto de choque” por herramientas que trabajan mejor en prevención o en fases tempranas del problema.
Biopesticidas ejemplos
Existen numerosos biopesticidas ejemplos cuyo uso está documentado desde hace décadas. Sustancias como la rotenona, el pelitre o los alcaloides de la nicotina fueron empleadas tradicionalmente por su eficacia insecticida, mientras que extractos más recientes, como los derivados del neem, han ganado protagonismo por su acción reguladora del crecimiento y su compatibilidad con otras estrategias de control. El documento destaca también el creciente interés por extractos de ajo, ortiga o canela, no solo por su actividad directa frente a plagas y enfermedades, sino por su papel como herramientas complementarias en sistemas de producción integrada, donde la información al agricultor y el uso correcto resultan clave para evitar falsas expectativas o aplicaciones ineficaces.
Diferenciarse en agricultura
Ser pionero no es llevar flores en la gorra, es tener resultados en campo sin dejar residuos.
Ser profesional no es usar “bio” por moda, es entender cuándo y cómo aplicarlo.
Los biopesticidas son herramientas muy prometedoras, pero exigen precisión agronómica y conocimiento técnico. No basta con aplicarlos, hay que integrarlos dentro de un sistema que contemple el monitoreo, las condiciones ambientales y el respeto a la biodiversidad funcional.
Los biopesticidas tienen un lugar central en la agricultura del futuro: no como alternativa estética, sino como tecnología avanzada al servicio del control, la calidad y la sostenibilidad.
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y vemos qué encaja para ti
- 10.1016/j.biocontrol.2004.07.007 ↩︎
- 10.1146/annurev.ento.51.110104.151146 ↩︎
- 10.1007/s10886-009-9737-y ↩︎
- 10.1021/bk-2014-1172.ch016 ↩︎



