El pulgón verde del melocotonero, conocido científicamente como Myzus persicae, ha sido durante décadas una de las plagas más persistentes y adaptativas en distintos cultivos alrededor del mundo. Sin embargo, ¿y si te dijera que este pequeño insecto es, en realidad, una señal del sistema agrícola pidiendo equilibrio?
En este artículo no solo te explico el ciclo de vida del Myzus persicae, sus daños, cultivos que ataca y su control biológico, sino que te comparto, desde mi experiencia personal, cómo este pulgón se puede manejar sin insecticidas, entendiendo su papel dentro del ecosistema agrícola.
Qué es el Myzus persicae
Myzus persicae, o pulgón verde del melocotonero, es un áfido polífago, lo que significa que puede alimentarse de una gran variedad de plantas. Su nombre científico es ampliamente reconocido entre fitopatólogos y agricultores, y su presencia está asociada tanto a cultivos frutales como a hortícolas y ornamentales.
Este insecto se caracteriza por su color verde claro, aunque también se encuentran formas rojizas, especialmente en climas más fríos. Su tamaño es diminuto, pero su impacto puede ser considerable.
Taxonomía del Myzus persicae
Pertenece al orden Hemiptera y a la familia Aphididae. Es una especie de distribución mundial, que se ha adaptado a múltiples ambientes gracias a su rápida reproducción y a su capacidad de desarrollar resistencia a insecticidas.
Cultivos que ataca
Los cultivos más afectados por Myzus persicae en España y otras regiones mediterráneas incluyen:
- Melocotonero (Prunus persica)
- Tomate, pimiento, berenjena
- Acelga, espinaca
- Brócoli, coliflor
- Ornamentales como crisantemos y petunias
Además, su capacidad para refugiarse en malezas como Convolvulus arvensis, Chenopodium album o Amaranthus retroflexus lo convierte en una amenaza persistente y difícil de erradicar si no se considera el manejo de hospederos alternativos.
Myzus persicae tiene una capacidad de hospedaje excepcionalmente amplia, que incluye numerosas especies cultivadas de importancia económica. Entre los cultivos afectados se encuentran la remolacha, apio, patata, cebolla, zanahoria, lechuga, batata, guisante, haba, trigo, maíz, manzano, peral, cítricos y níspero, entre otros. Esta adaptabilidad también se extiende a una gran variedad de plantas silvestres y adventicias, que actúan como reservorios del pulgón y de los virus que transmite. Por tanto, su control efectivo requiere un enfoque integral que contemple tanto los cultivos como las malezas del entorno.
Ciclo de vida del pulgón verde
El ciclo de vida de Myzus persicae es complejo. Puede alternar entre reproducción sexual y asexual según la estación del año. En primavera y verano, predominan las hembras partenogenéticas (que se reproducen sin machos), lo que permite explosiones poblacionales en muy poco tiempo.
Los picos poblacionales más notorios ocurren en abril y mayo-junio. Estos periodos deben ser considerados críticos para el monitoreo y aplicación de medidas preventivas. En mi experiencia, cuando ajustamos el equilibrio de nitrógeno y amonio en las plantas, notamos una drástica disminución de la aparición de pulgón en estas fechas clave.
Daños que provoca
Los daños de Myzus persicae no se limitan a la succión de savia, lo cual debilita a la planta. También transmite virus fitopatógenos como el PVY (Virus del mosaico del pepino) o el PLRV (Virus del enrollamiento de la hoja de la patata).
La melaza que excreta favorece el desarrollo de fumaginas, que impiden la fotosíntesis. Además, los brotes tiernos suelen deformarse por su ataque, afectando tanto la producción como la calidad de los frutos.
Enfoque integrativo
Bajo nuestra filosofía, el control del pulgón se basa en procesos y no en productos. Esto implica evitar el uso de insecticidas, incluso los “naturales”, y optar por una combinación de estrategias como:
- Nutrición vegetal ajustada, especialmente regulando el exceso de nitrógeno.
- Extractos vegetales seleccionados por similitud metabólica.
- Microbiología funcional para construir suelos supresivos.
- Preparados en alta dilución que activan las defensas propias de la planta.
Esta visión, que integra aspectos sistémicos, me ha llevado a tratar el pulgón verde como una consecuencia, no como un enemigo aislado. Realmente el resto de plagas: pulgones, araña, insectos trozadores… las trabajamos en torno a la nutrición y enzimas que ayudan al equilibrio del nitrógeno y amonio en planta.
Control biológico de Myzus persicae
El control biológico de Myzus persicae ha demostrado gran eficacia, especialmente en agricultura ecológica y bajo invernadero. Algunas especies clave incluyen:
- Mariquitas: Coccinella septempunctata y C. undecimpunctata
- Crisopas: Chrysoperla carnea
- Moscas cecidómidas: Aphidoletes aphidimyza
- Parasitoides: Aphidius colemani y Diaeretiella rapae
Una de las estrategias que aplicamos con éxito fueron tratamientos preventivos basada en los propios depredadores. Por ejemplo, preparamos TM (tintura madre) de Coccinella septempunctata y Chrysoperla carnea. Al aplicar estas diluciones antes de la aparición del pulgón, logramos atraer a los enemigos naturales de forma anticipada, lo que redujo notablemente la necesidad de intervenciones posteriores.
Sin embargo, esta estrategia solo funciona si se aplica en etapas tempranas. Cuando el ataque ya está avanzado, los enemigos naturales tardan hasta 10 días en llegar, lo que puede ser demasiado tarde para ciertos cultivos sensibles.
Además, evitamos aplicar varias veces seguidas la misma potencia del preparado, para impedir que el insecto desarrolle una adaptación metabólica a esa frecuencia energética.
Junto a los depredadores y parasitoides ya mencionados como Coccinella septempunctata, Chrysoperla carnea, Aphidoletes aphidimyza y Aphidius colemani, existen otros enemigos naturales documentados en España que desempeñan un papel importante en la regulación de Myzus persicae. Entre los parasitoides destacan Aphidius ervi, A. matricariae, Ephedrus persicae, Praon volucre, Lysiphlebus testaceipes y Trioxys angelicae. También son relevantes los sírfidos depredadores como Episyrphus balteatus y Eupeodes corollae, cuya presencia puede ser potenciada mediante el uso de plantas florales o reservorios estratégicos.
Incluir este abanico de enemigos naturales en las estrategias agroecológicas mejora la resiliencia del sistema y favorece un control biológico más robusto y sostenible.
Factores que favorecen su proliferación
Los brotes masivos de Myzus persicae están ligados a factores agronómicos y adaptativos. Entre ellos:
- Alta densidad de plantas jóvenes
- Ausencia de enemigos naturales al inicio del ciclo
- Uso repetido de insecticidas (resistencias a neonicotinoides y piretroides)
- Exceso de nitrógeno en la nutrición
Como hemos mencionado, la aparición del pulgón es un síntoma. Se menciona explícitamente que el pulgón aparece cuando hay exceso de nitrógeno. La planta lo convoca como agente de reequilibrio para transformar el N en carbono, ya que las heces del pulgón son ricas en C. Por tanto, su aparición no debe ser tratada solo como plaga, sino como respuesta sistémica para corregir un desequilibrio nutricional.
Recomendaciones integrales de manejo
Las estrategias más eficaces y sostenibles combinan prevención, control biológico y señalización. Aquí algunas recomendaciones clave:
- Monitorear picos estacionales (abril y mayo-junio)
- Controlar malezas hospederas en los bordes de los cultivos
- Introducir Macrolophus pygmaeus en invernadero
- Combinar Aphidius colemani y Aphidoletes aphidimyza en campo abierto
- Controlar las hormigas, ya que estas protegen al pulgón de los parasitoides
No se trata de erradicar al Myzus persicae, sino comprender su función en el equilibrio del sistema y facilitar que este reequilibrio ocurra de forma rápida y sostenible. Se actúa sobre las causas profundas (exceso de N, falta de biodiversidad, señalización deficiente) y no sobre el síntoma (la plaga como tal), entendiendo que el ecosistema tiene sus propias formas de resolver el desequilibrio si le damos las condiciones adecuadas.
Pulgón alado y pulgones alados
Cuando en campo se dice que el pulgón “entra de golpe”, casi siempre se trata de la llegada de pulgón alado. Estas formas aladas son las responsables de colonizar nuevas plantas y parcelas, y explican por qué en pocos días un foco puntual se convierte en un problema generalizado. En pulgones existe una alternancia clara entre hembras ápteras, que permanecen y multiplican dentro del cultivo, y pulgones alados, que migran y fundan nuevas colonias. En condiciones favorables, la reproducción por partenogénesis y viviparidad acelera este proceso hasta hacerlo prácticamente invisible si no se está vigilando.
En la práctica, esto implica que esperar a “ver colonias” para actuar suele ser tarde. El punto crítico no es la abundancia de pulgón, sino la detección temprana de alados, porque es ahí donde todavía se puede frenar la colonización y evitar una explosión poblacional.
Pulgón con alas
Identificar correctamente un pulgón con alas no es un detalle menor. Las formas aladas suelen ser las que entran desde el exterior y redistribuyen la plaga dentro del invernadero o la parcela. Morfológicamente presentan rasgos claros en alas y tórax, pero en campo se confunden con facilidad si no se observa con criterio. Además, dentro de una misma especie, los adultos alados y ápteros pueden tener apariencias muy distintas.
Desde el punto de vista del manejo, diferenciar si predominan formas aladas o ápteras cambia la estrategia: presencia de alados indica fase de entrada y colonización, que exige medidas rápidas de contención; predominio de ápteros indica foco ya instalado, donde el objetivo pasa a ser reducir multiplicación y daños secundarios.
Nombre científico del pulgón
Buscar el nombre científico del pulgón no es una cuestión de taxonomía por curiosidad. En horticultura protegida, unas pocas especies concentran la mayoría de los problemas, y confundirlas lleva a errores de manejo. Dos de las más relevantes son Myzus persicae y Aphis gossypii, ambas altamente polífagas y con comportamientos distintos frente al cultivo, al clima y a las estrategias de control.
En finca, esto se traduce en algo muy concreto: identificar bien la especie ayuda a anticipar el riesgo principal (daño directo, transmisión de virus, rapidez de colonización) y a ajustar el manejo antes de que el problema se dispare.
Pulgón del algodón, pulgón algodonero y pulgón del melón
Aunque el foco de este artículo sea Myzus persicae, conviene tener en cuenta al pulgón del algodón —también conocido como pulgón algodonero— y al pulgón del melón, porque en muchos cultivos protegidos conviven varias especies de pulgón al mismo tiempo. Aphis gossypii, por ejemplo, presenta gran variabilidad de color en las hembras ápteras, lo que complica su identificación visual y lleva a diagnósticos imprecisos.
En la práctica, esto significa que no basta con decir “hay pulgón”. En cucurbitáceas y solanáceas es habitual encontrar mezclas de especies, lo que obliga a gestionar bien los reservorios, las entradas desde el exterior y los cultivos vecinos, además del control directo dentro del invernadero.
“Pulgón aphis”
Es frecuente encontrar el término pulgón aphis como forma genérica de referirse al problema. Sin embargo, Aphis es un género amplio, y quedarse en ese nivel impide ajustar correctamente el manejo. Diferentes especies dentro del mismo género pueden tener ciclos, hospedantes y riesgos sanitarios distintos.
En campo, este error se traduce en estrategias poco afinadas: se aplican medidas genéricas cuando lo que marca la diferencia es saber qué especie concreta está dominando y cómo se comporta en ese cultivo y momento del ciclo.
Monitorización realista
Para anticipar el problema, la monitorización es clave. Las trampas cromotrópicas amarillas, bien colocadas en entradas, pasillos y zonas de ventilación, permiten detectar la llegada de pulgones alados antes de que se instalen colonias visibles. Aunque estas trampas también capturan fauna auxiliar, aportan una información valiosa sobre presión de entrada.
En el manejo de Myzus persicae, una subida en capturas de alados debe interpretarse como señal para actuar de forma localizada y temprana. El objetivo en ese momento no es “limpiar” todo el cultivo, sino evitar que los primeros individuos funden colonias estables.
El verdadero riesgo de Myzus persicae: virus y resistencia
Más allá del daño directo por succión de savia y melaza, Myzus persicae destaca por su enorme capacidad de transmisión de virus y por su historial de resistencias a insecticidas. Esto explica por qué los programas basados únicamente en control químico tienden a perder eficacia con el tiempo y generan problemas recurrentes.
En la práctica, el manejo eficaz pasa por anticiparse a la entrada, reducir la colonización temprana y mantener el cultivo en condiciones que no favorezcan explosiones poblacionales, integrando prevención, seguimiento y decisiones ajustadas al momento real del ciclo.
Conclusión
Entender al pulgón verde como parte de un sistema nos abre la puerta a soluciones más respetuosas y duraderas. No se trata de eliminar, sino de armonizar. Con una visión agroecológica, basada en observación, preparación y técnicas avanzadas como la homeopatía agrícola, podemos no solo convivir con Myzus persicae, sino utilizar su presencia como una herramienta de diagnóstico del estado de nuestro cultivo.
Si quieres mejorar tus resultados o hacer una transición hacia una agricultura más sostenible, podemos ayudarte. Ofrecemos cursos online donde enseñamos paso a paso estas estrategias con ejemplos reales y asesoría personalizada.
Si no solo buscas mejorar resultados sino el límite a la producción
Si quieres diferenciarte de verdad tener más control y menos dependencia, ¡ podemos ayudarte !
Elige uno de nuestros servicios (consultoría, asesoría, análisis y formación) para avanzar hacia una agricultura más eficiente y sostenible
y vemos qué encaja para ti



